


Nacimos en una tarde de lluvia entre platos de habas con chile y tableros desgastados de dominó. Notamos que los relatos más ingeniosos de la ciudad morían al cerrar la cortina de hierro.
Decidimos documentar esa retórica espontánea para honrar a los cronistas anónimos que convierten cualquier banqueta en una cátedra de humor, afecto y filosofía cotidiana sin aspavientos.
Pilares de la tertulia
Botana compartida
Respeto al orador
Camaradería estricta
Retiro a tiempo
El plato al centro pertenece a la mesa entera; nadie acapara cacahuates ni niega una tostada a quien recién toma asiento.
Toda anécdota merece silencio atento hasta su remate, sin importar cuán inverosímil resulte el desenlace narrado.
La discusión acalorada concluye en apretón de manos; el desacuerdo entre caballeros enriquece la charla sin agraviar a nadie.
Saber despedirse con paso firme y dignidad intacta antes de la medianoche es la mayor condecoración del club.
Aquí no venimos a escapar de la vida cotidiana, sino a darle sentido entre amigos con una partida de ajedrez y caldo de camarón servido a tiempo.
Don Aurelio Méndez, cronista de la Colonia Santa María la Ribera
